La caza de brujas en la acumulación primitiva y las condiciones femeninas durante la Revolución Industrial

En 1864, el año que se creó la primera internacional al llegar a su culmen el hecho de que la revolución industrial y el asentamiento del capitalismo no había reducido la enorme miseria que sufrían las masas trabajadoras pese a haber habido un desarrollo sin precedentes de la industria y el comercio.

Entre las precarias condiciones de la clase trabajadora del momento encontramos reclamas, problemas, situaciones cuyo reflejo podemos apreciar en nuestra época… de entre ellas destacamos:

  • La miseria, el hambre y las enfermedades
  • Una mecanización que amenaza con hacer desaparecer a los trabajadores
  • Ausencia de redistribución de la riqueza después de un aumento “embriagador” de la riqueza y el poder de las clases poseedoras.
  • Un aumento del salario real que no corresponde con un aumento del bienestar para la clase.

Todas estas situaciones, y muchas más que me dejo por el camino, son la realidad del capitalismo, ¡157 años más tarde, los trabajadores del Estado Español hacemos las mismas reflexiones!

Sin embargo, el tema que me concierne ahora mismo no es este, sino explicar las condiciones que llevaron a las mujeres a organizarse, las condiciones que llevaron a la clase obrera en su conjunto a actuar contra le explotación, contra la miseria, contra la injusticia del mundo.

La acumulación (primitiva) originaria de capital, descrita por Marx, con toda la enorme violencia que conllevó es el punto de partida del capitalismo. Marx lo definió así : “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies”. La acumulación primitiva es la expropiación masiva de millones de personas de sus tierras, casas, bienes comunales, de todo lo que tenían.  La creación del proletariado va precedida, en Europa, en América Latina y en el resto del mundo, del robo y la destrucción masiva de las propiedades de los campesinos, de todo aquello que pudiera permitirles vivir con alguna independencia. La puerta de la fábrica era el final ineludible de millones de personas cuya única posibilidad de sobrevivir era vender su fuerza de trabajo.

Por otra parte, teóricas feministas con análisis marxista como Silvia Federici, subrayan que no solamente la violencia de la acumulación originaria fue necesaria para la “transición” al capitalismo, sino que también lo fue la caza de brujas. Hacia el final del feudalismo, en los siglos XVI-XVII las mujeres sufrieron una violenta y sangrienta represión por parte tanto de la iglesia como de los poderes políticos. Las brujas, a las que se asesinaba y torturaba eran las figuras claves en la administración de las propiedades colectivas “los comunes” (tierra, pastos, madera, agua, etc.). Esas mujeres eran claves en las relaciones sociales campesinas y, además, eran las depositarias del conocimiento acumulado, no controlado por el poder, relativo a la salud, a la procreación, al bienestar, etc.). La persecución de las “brujas” auténtico terrorismo de Estado contra las mujeres y es un aspecto más de la acumulación originaria: la expropiación del saber, la desarticulación de las relaciones sociales y la expropiación masiva de los bienes comunales.  

Con la Revolución Industrial, las mujeres se volvieron a incorporar al mundo laboral.

Como ya sabemos, las mujeres sufrimos la violencia del capitalismo y el patriarcado de una manera demoledora. La situación de la época era salvaje para las mujeres, ya describía Engels en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra, como se materializaba esto.

Las mujeres eran trabajadoras reemplazables para las fábricas a las que despiden a su gusto, sin ninguna seguridad, despedidas en masa durante las crisis y no crisis, consideradas incluso “personal excedente”. En la mayoría de los talleres donde trabajaban flotaba un polvo que se metía en sus pulmones al respirar y lo que les provocaba tos, asma, escupir sangra, dificultad para respirar, dolor en el pecho e insomnio, entre otras cosas. Las jornadas eran interminables e impedían la formación de familias sanas, la mortalidad infantil era elevadísima puesto que no había adultos a su cargo, por falta de vigilancia morían cientos de niños en las ciudades industriales. Se suma a esto el hecho de que en estado avanzado de embarazo no podían sentarse, tenían que seguir agachadas durante más de 12 horas al día e incluso se las multaba por sentarse. Además de que tenían que parir en condiciones infrahumanas y al de 3 a 8 días como mucho, tenían que volver a trabajar. Las condiciones fabriles implicaban menstruaciones y partos muy dolorosos por la postura del trabajo y traían al mundo a niños muy débiles y a veces enfermos. Cito el siguiente párrafo de Engels con respecto a esta cuestión

“Los efectos del trabajo fabril sobre el organismo femenino son también completamente de otra índole. Las deformaciones físicas, como consecuencia de un trabajo prolongado, son todavía mucho más graves entre las mujeres; deforma ciones de la pelvis debidas por una parte a una mala posición de los huesos de la misma y a su crecimiento defectuoso o a una desviación de la parte inferior de la columna vertebral, son frecuentemente las enojosas consecuencias. El hecho de que las obreras fabriles tienen partos más difíciles que las demás mujeres es atestiguado por varias comadronas y parteros, así como que ellas abortan más frecuentemente (por ej., por el Dr. Hawkins, evid.: pp. 11 y 13). Hay que añadir que las mujeres sufren de la debilidad común al conjunto de los obreros fabriles y que, encinta, trabajan en la fábrica hasta la hora del parto; evidentemente, si ellas cesan el trabajo demasiado temprano, pueden temer el verse sustituidas y despedidas y, además, pierden su salario. Ocurre muy a menudo que las mujeres que trabajan todavía hasta la víspera del parto dan a luz el día siguiente por la mañana, e incluso no es raro que el alumbramiento tenga lugar en la fábrica, en medio de las máquinas. Y si los señores burgueses no ven nada de extraordinario en ello, tal vez sus mujeres convendrán conmigo en que el obligar indirectamente a una mujer encinta a trabajar de pie, a agacharse frecuentemente doce o trece horas (antes todavía más) hasta el día del parto, es de una crueldad sin nombre, de una infame barbarie. Pero eso no es todo. Cuando las mujeres, luego del alumbramiento, pueden permanecer sin trabajar durante 15 días, se sienten felices y consideran que es un largo descanso. Muchas de ellas regresan a la fábrica luego de ocho días de reposo, incluso después de tres o cuatro días para hacer su tiempo completo de trabajo “

Me gustaría señalar, que esta situación de explotación tan violenta a las mujeres obreras demostró, (porque las mujeres no se quedaban relegadas a hacer las labores domésticas porque trabajaban y muchísimos hombres estaban en paro) que la dominación del hombre sobre la mujer NO ERA BIOLÓGICA, que la falsa idea, que quizás hoy nos suene más lejana, de que el hombre al aportar económicamente primaba sobre la mujer es una afirmación inhumana engendrada por el capitalismo. Vuelvo a citar a Engels diciendo: “Si la familia de la sociedad actual se disgrega, esa disgregación muestra precisamente que, en realidad, no era el amor familiar lo que constituía el vínculo de la familia, sino el interés privado conservado en esa falsa comunidad de bienes”

En la fábrica el patrón era el amo del cuerpo de las obreras, cuando este quería mantener relaciones sexuales con alguna de sus empleadas la simple amenaza del despido conseguía evitar cualquier resistencia. Los empresarios jugaban con su poder para agredir sexualmente y violar a todas las mujeres de sus fábricas coaccionándolas y amenazándolas cuando estas se negaban.

Esto ha sido un muy resumido contexto histórico de agresiones y violencias contra las mujeres, en una época en la que se instrumentalizaba nuestro cuerpo, nuestro trabajo, se mercantilizaba a las mujeres en general para sacar beneficio a las clases dominantes. En estas condiciones, sumadas a las de sus homólogos masculinos que no he descrito, nace la Asociación Internacional de los Trabajadores para conseguir la emancipación de la clase obrera de las cadenas de explotación, para abolir los privilegios, la servidumbre, la miseria y luchar por los derechos de manera organizada, solidaria e internacional.

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