Las Mujeres en la Asociación Internacional de Trabajadores

Las mujeres en la AIT.

No fue una causalidad que ocurriera en Francia la primera revolución obrera de la historia, la Comuna de París; tampoco lo fue que las mujeres tuvieran en ella un papel protagonista.

  • Las mujeres en la Revolución Francesa.

El precedente histórico más claro es, sin duda, la Revolución Francesa. Revolución burguesa por excelencia, porque la burguesía impuso su ley, pero en la que el incipiente proletariado y el campesinado, los «sans culottes», tuvieron la iniciativa y derramaron su sangre.

Las mujeres tuvieron un papel destacado en la toma de la Bastilla. Se formaron cuerpos de amazonas y, en general, muchas mujeres y muchachas combatieron por la república contra la reacción.

Destacan:

La actriz Rose Lacombe y la Sociedad de Republicanas Revolucionarias.

Olimpe de Gouges y la Declaración de derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

En 1792, en Lyon, la Sociedad de Amigas de la Libertad y de la Igualdad dirigió una revuelta popular provocada por el hambre y gobernó temporalmente la ciudad asegurando el abastecimiento de productos de primera necesidad.

  • La Revolución de 1848

Por todas partes surgen círculos de mujeres que exigen la plena equiparación de derechos, pero sobre todo destaca la aparición de organizaciones de mujeres trabajadoras, como la Unión de las Trabajadoras» o el «Círculo de las Lavanderas». La lucha de estas últimas consigue la reducción de la jornada laboral de 14 a 12 horas y que el trabajo de los detenidos no haga competencia desleal al trabajo manual femenino.

Las reivindicaciones sociales de las trabajadoras se unen con las generales de la clase obrera y muestran avances – aunque sea sólo en la reivindicación que están aún pendientes: oficinas públicas de colocación, cooperativas de producción para eliminar a intermediarios usureros, lavaderos y sastrerías públicos, comedores de fábrica, escuelas infantiles en las empresas, etc.

La derrota de la Revolución y la hegemonía de las posiciones reaccionarias supuso también la derrota de las mujeres. La nueva Constitución rechazó explícitamente la emancipación política de la mujer. Se puso de manifiesto que la suerte de las mujeres está ligada indisolublemente a la causa general de la clase obrera.

  • La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) y el debate en torno al trabajo de las mujeres.

La necesidad de actuar sobre terrible miseria de las obreras y su repercusión directa sobre el conjunto de la clase trabajadora atraviesa el movimiento sindical, y desde luego a la AIT,  con dos posiciones confrontadas:

  • La reivindicación de la abolición del trabajo de las mujeres en la industria.
  • No a cualquier tipo de prohibición del trabajo de las mujeres en la industria. Sí a la organización y a la lucha común de obreras y obreros contra la usura del capital.

La segunda opción avanzaba con fuerza con el progreso de las ideas socialistas y con ella, tanto la reivindicación de la plena igualdad de las mujeres, como su importancia para la revolución.

En 1866, dos años después de creada la AIT, en Alemania Louise Otto-Peters en su texto «El derecho de las mujeres al trabajo asalariado» se enfrenta a las posiciones de Lasalle (con quien también confrontan Marx y Engels) en la Internacional:

«Los lasallianos han enunciado el siguiente principio: «La situación de la mujer sólo puede ser mejorada si se mejora la situación del hombre». Este es un principio que ultraja todo sentido de civismo y humanidad y nos oponemos al mismo con toda nuestra mente y con este escrito. Precisamente este partido que tanto confía en las «ayudas estatales», excluye a las mujeres de todas sus reivindicaciones.; ello demuestra que quiere fundar su reino de la libertad, o lo que es lo mismo, «el dominio del Cuarto Estado «, sobre la esclavitud de las mujeres, puesto que quien no es libre para trabajar por sí mismo, no es más que un esclavo».

La burguesía, por otro lado, demostraba una profunda «sabiduría» con respecto a sus intereses de clase, recomendando insistentemente el trabajo a domicilio como «la mejor solución» a todos los conflictos que surgen entorno al trabajo de las mujeres en la industria.

En el año 1868 hubo en Berlín un juicio que demostró el infierno de miseria al que habían condenado los explotadores a las obreras de la industria de la confección a domicilio, que se vanagloriaba de ser la primera del mundo. Franz Mehring lo cuenta así: «El patrón entregaba a sus trabajadoras la lana húmeda, la cual se secaba durante el proceso de elaboración. Al entregarse la pieza elaborada, la diferencia de peso era detraída del salario (…) Estas mujeres debían trabajar desde el alba hasta el anochecer para ganar lo suficiente para no morir demasiado pronto de hambre (…) La única vía de salida a esta horrible situación era la prostitución, que acababa por llevarlas bajo el control de la policía a los burdeles, a la cárcel o a una muerte miserable.(…) Cuando se conoció está situación el escándalo en la sociedad fue enorme pero la policía disolvió las asambleas obreras  en las que se iba a discutir la situación de las trabajadoras de la confección por que ellas mismas iban a participar en ellas.

Era la primera vez que las más explotadas de los oprimidos se mostraban a la luz del día para defender su causa. Esto suponía, no sólo que su situación era insoportable, sino el inicio de la rebelión, la difusión de las ideas socialistas incluso en los tugurios más terribles en los que languidecían las obreras de la confección a domicilio.

En 1866, ante la brutal explotación de mujeres, niñas y niños, se enfrentaron dos posiciones antagónicas en la AIT. :

  • Unos sectores, proudhonistas y bakuninistas intentaban persuadirlas de que volvieran a sus casas para el abnegado cuidado de su hogar y el cuidado de los niños, «a fin de que nuestros ojos puedan mirar tranquilamente el dulce espectáculo de nuestros hijos asistidos por vuestros amorosos cuidados» o afirmando que «la mujer es la sacerdotisa de la llama sagrada del hogar y por ello  debería quedarse en casa» «El puesto de la mujer está en el hogar». «Nosotros no sólo queremos que no deje ese puesto y no participe en ninguna asamblea política y no vaya a las charlas en los clubs; también queremos que, si esto no fuera posible, no se comprometa en ningún trabajo industrial».
  • Parte de los delegados parisinos propusieron una resolución por la cual el Congreso condenaba el trabajo de las mujeres como una degeneración física, moral y social, y asignaba a la mujer su puesto en el seno de la familia, como educadora de los hijos.
  • Finalmente el congreso de la AIT apoyó mayoritariamente el informe británico, redactado por Marx, en el que se establecía la negativa rotunda a prohibir el trabajo de las mujeres en la industria. La lucha del movimiento obrero debía ir dirigida a la protección de las obreras, excluyéndolas del trabajo nocturno y peligroso y a la elevación de la edad mínima para el trabajo en la adolescencia. En ese informe se establece por primera vez la reivindicación de la jornada de 8 horas para todas las trabajadoras y trabajadores adultos.
  •  La historia de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) es también la de la organización y participación de las mujeres, de la importancia de sus huelgas y de las cajas de resistencia sostenidas por la Internacional. La primera en adherirse fue la liga de las pantaloneras de Inglaterra en 1867.
  • La huelga de las hilanderas de la seda de Lyon

En el mismo año 1864 de la creación de la AIT en Londres, se constituye la sección de Lyon y de otros lugares de Francia. La sección de Lyon fue dos veces prohibida y desmantelada.

En el verano de 1869 la tensión en el movimiento obrero francés es muy alta., especialmente en el noreste, en la región de Lyon. En junio, en la huelga de mineros de Saint Etienne por la reducción de su jornada laboral de 12 horas, el ejército disparó sobre trabajadores desarmados y sus familias, matando a 15 entre ellos un bebé de 17 meses y su madre. Mientras la indignación y la solidaridad se extienden por toda Francia (Emile Zola escribe sobre estos acontecimientos la novela Germinal), el gobierno de Napoleón III suspende el Consejo Municipal que apoyó la huelga y condecoró solemnemente al capitán que mandó disparar.

Pocas semanas después se declaran en huelga las 8.000 hilanderas de la seda de Lyon ( las ovalistas) que trabajaban desde las 5 de la madrugada a las 7 de la tarde por unos salarios míseros; la mitad de ellas estaban enfermas.

El patrón las daba alojamiento y comida (la sopa clara, sin sustancia, se llamaba «sopa de ovalista») y por ello se quedaba con 2/3 de su mísero salario. Ello suponía que estaban bajo el control total del patrón: si se perdía el trabajo, se perdía todo.

El 17 de junio, nada más declararse la huelga, ingresan en la AIT. El patrón las echa inmediatamente a la calle. Acampan fuera de la fábrica con sus maletas y reciben inmediatamente la solidaridad del vecindario que les da alojamiento.

La prensa, obviamente apoya a la patronal y les trata de prostitutas. Importan obreras italianas que aceptan condiciones aún más duras. Algunas se incorporan a la huelga.

El 16 de julio mandan esta carta a la AIT pidiendo solidaridad:

Llamamiento a todas las secciones. Lyon, 16 de julio de 1869 ¡Ciudadanos y ciudadanas! En calidad de miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores, 8.000 hilanderas de la seda, que desde hace 12 días están efectuando una huelga muy costosa, piden vuestro apoyo en nombre de los principios de solidaridad, base de nuestra asociación.

La comisión de las hilanderas de seda:

 La presidenta: Philomène Rozan

La vice-presidenta: Emile Bonin Las delegadas (seis nombres de mujer)

El llamamiento tuvo éxito. Las secciones de la Internacional de Rouen, París, Marsella, Ginebra y Londres, y el propio Consejo General enviaron inmediatamente ayuda. Gracias a la Internacional, las obreras, con una huelga de más de cuatro semanas, consiguieron obtener la disminución del tiempo de trabajo de doce a diez horas diarias, sin reducción de salario.

 Distribuyen bonos para el pan y 50 cts para el alojamiento.

El 29 de julio declaran el final de la huelga. Consiguen que se reconozca la jornada de 10 horas, aunque hacen más. Luchan porque se les paguen doble las horas extras… La lucha continúa.

Las adhesiones a la AIT se extienden.

  • «Lo más importante no son las reivindicaciones conseguidas sino el aumento en el nivel de conciencia y de organización del proletariado».

Manifiesto del Partido Comunista. Marx y Engels

«El comportamiento de las proletarias de Lyon y Rouen, que tanto se elogia en el informe, no era un fuego de pajas que sólo se había encendido para la salvaguardia de los intereses personales. Por el contrario, anunciaba el surgimiento de una consciencia de clase unitaria, criterio que unía a las mujeres con los explotados y los combatientes mucho más que no el hecho de pertenecer a la misma profesión o a la misma patria. La I Internacional supo despertar, clarificar, activar la consciencia de clase y la solidaridad de clase de sus exponentes femeninos, revelándose con ello como su educadora, además de su estímulo y ayuda. Incorporando a las obreras y a las mujeres de los obreros en las luchas cotidianas de sus compañeros de clase, las preparaba para afrontar las batallas más duras entre proletariado y burguesía, y contribuía a la maduración político-revolucionaria de aquellas mujeres que, anteriormente, habían sido siempre indiferentes desde el punto de vista político». Clara Zetkin.

El fortalecimiento de la conciencia de las obreras de Lyon se expresa poco después en su solidaridad con la huelga de las proletarias de Le Creusot y apoyo material a la caja de resistencia.

El movimiento y la conciencia de las obreras experimentará un salto importante cuando se desencadena la guerra franco-prusiana. Guerra que constituirá un intento de las clases dominantes francesas de confundir al movimiento obrero que se fortalecía día a día  en la maraña de un movimiento nacional, de una guerra patria, en la que luchan unidos patrones y trabajadores.

Llegaba tarde. En 1870 se hace público el Manifiesto de las mujeres lionesas pertenecientes a la Internacional. En él se exhorta a los jóvenes de la clase militar 1870 a negarse a hacer el servicio militar. El Manifiesto estaba firmado por Virginie Barbet, “miembro de la Asociación Internacional de Trabajadores”. En una asamblea que tuvo lugar el 16 de enero de 1870 en Lyon, en la sala Valentino del barrio obrero La Croix Rousse, el Manifiesto fue aprobado y enviado a todas las secciones y comités de la Internacional.

«Hechos como los citados anunciaban, como un relámpago en la opresora atmósfera del bonapartismo que precede a la guerra franco-prusiana, la llegada de un temporal revolucionario que estallaría con todo su fulgor y dureza en la Comuna de París. Por primera vez el valiente ánimo y el fuerte puño del proletariado conquistaron el poder estatal en un país. El gigantesco acontecimiento viene caracterizado por el típico rasgo de toda revolución espontánea: la participación de amplias masas de mujeres. Desde el 18 de marzo de 1871, cuando las mujeres de Montmartre se arrojan sobre los cañones de la Guardia Nacional impidiendo, con sus cuerpos, que sean trasladados a Versalles, hasta los últimos episodios de la “sangrienta semana de mayo”, cuando la metralla de las tropas de la burguesía, que pudieron penetrar en París gracias a la ayuda alemana, abatía a los insurgentes junto al muro de Père Lachaise». Clara Zetkin.

Pero esto es ya otra historia que continuaremos analizando.

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